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El Buscador de Recetas

18 noviembre, 2010

Miel en la naturaleza y la historia

Filed under: historia — Etiquetas: — Nacho @ 3:10

El néctar, que es tres cuartas partes agua y una minerales, es el reclamo de las flores para que las abejas se posen en ellas y se les adhiera el polen, que luego transportarán a otra flor, polinizándola.

Las abejas se atiborran de néctar y lo transportan a la colmena. Ya en pleno vuelo, el néctar empieza a transformarse en miel, a causa de las enzimas de la saliva y sus jugos gástricos. En la colmena, las abejas regurgitan el néctar en una celdilla de cera del panal. Entonces lo vuelve a ingerir y lo vuelve a regurgitar agitando a la vez las alas para ventilar la celda y eliminar así más agua, y que los azúcares (glucosa y fructosa) queden así más concentrados. Tras veinte minutos sella la celda con cera. Es un proceso muy trabajoso para la abeja.

Las abejas visitan cada día una sola especie de flores, y deben tomar néctar de 10.000 flores para conseguir una sola gota de miel. La mejor miel es la que está hecha de las flores de una sola especie de planta, así que una forma de asegurar la calidad de la miel es que el apicultor esté atento a las temporadas de floración de las plantas de los alrededores y recoja la miel al terminar cada temporada. Por ejemplo, en Francia es muy apreciada la miel de acacia, dulce y pálida, de sainfain (Onobrychis), como en la miel de Gâtinais, y la espesa miel clara de Provenza, que está hecha de lavanda. En la región de Landes se ha producido históricamente miel de brezo, y en Bretaña miel de alforfón, más difícil de encontrar en la actualidad por la escasez de la planta.

En tiempos de los romanos era muy apreciada la miel de Narbona, con sabor a romero y propiedades medicinales, pues ayuda a la digestión, y también la miel del Monte Himeto, en Grecia, que se decía era apreciada también por los dioses. Se vendía en Roma como artículo de lujo. Asímismo, Virgilio recomendaba practicar la apicultura en los campos de tomillo de la Península Ibérica.

La miel de pino la producen las abejas ayudadas por los pulgones. Los pulgones, o áfidos, obtienen la savia de los árboles resinosos y la regurgitan cuando ya no pueden tomar más en forma de rocío de miel. El rocío de miel puede llegar a empapar los árboles en épocas cálidas con abundancia de pulgón. Las abejas, como las hormigas, ordeñan a los pulgones para obtener este rocío de miel y hacen miel a partir de esta sustancia.

En la Unión Europea hay leyes que garantizan la calidad de la miel. Las mejor miel indica las especies a partir de las que se ha producido, cómo se obtuvo y si fue tratada o no. Las abejas que viven en zonas menos contaminadas y que obtienen el néctar de plantas silvestres, sin fertilizantes artificiales, producen mejor miel.

Recolectar la miel

Las colmenas modernas tienen paneles móviles que facilitan la vida al apicultor. La parte baja de la colmena alberga a las larvas y las reservas de miel, que son vitales para la colonia. Aquí hay abejas que cuidan de las larvas y la reina y otras que reparan la cera de los panales. Se ahuma la entrada de la colmena para adormecer a las abejas y se retiran los paneles uno por uno. Las abejas que siguen en el panal se retiran con un cepillo. Se reemplazan los panales con otros con los hexágonos ya empezados, para acelerar la reconstrucción del panal. El apicultor observa que no haya larvas en los panales que ha retirado y abre las celdillas con un cuchillo. Así se lleva haciendo desde hace miles de años.

Las colmenas silvestres se establecen en cavidades naturales que puedan albergar a 60.000 abejas. Normalmente suelen ser troncos de árbol huecos.  La recolección de la miel silvestres ha sido tradicionalmente realizada por los hombres en las sociedades de cazadores recolectores, excepto en América. Allí, como las abejas no tenían aguijón, sino que tratan de meterse en los orificios del apicultor, se consideraba una tarea para las mujeres.

Ramses III hacía que sus recolectores de miel fuesen escoltados por arqueros, no se sabe bien por qué. En Roma se ahumaban las abejas, pero cuando no era suficiente se usaba también excrementos de vaca, substancias resinosas y plantas aromáticas, que adormecían aún más a la colmena. Como los hombres vieron que las abejas tenían preferencia por troncos huecos de árboles, tratando de favorecer la aparición de colmenas nuevas quemaban el interior de árboles o creaban hoquedades con paneles de corcho con la esperanza de que las abejas formasen una nueva colonia.

Durante las épocas más oscuras de la Edad Media la apicultura, como otras artes, no evolucionó prácticamente. En muchas ocasiones los recolectores de miel mataban a la colmena en el proceso. Carlomagno, preocupado por la prosperidad de sus tierras y señores, promulgó leyes para que los apicultores no destruyesen las colmenas y pagasen tributo en forma de miel y cera.

La idea de cobrar impuestos por la miel no era nueva, ya que los faraones y los mayas tenían normas que aseguraban que los sacerdotes disfrutarían de la mejor miel. Más tarde, en Europa, serían las abadías las que gozarían de estos privilegios, aunque en estos casos eran los propios monjes los que se convirtieron en expertos apicultores.

En la Europa posterior a Carlomagno estaba perseguido el recolectar miel sin pagar el tributo, y también estaba regulada la cantidad de miel que se podía extraer y las temporadas en las que se podía hacer. Estas normas provenían de la experiencia y también de la literatura clásica, desde Aristóteles y Columela a Catón y Virgilio. Sus obras incorporan a menudo explicaciones mitológicas, pero sus descripciones, contrastadas por la experiencia, resultaban valiosas. En el Renacimiento Charles Etienne y Jean Liébaut escribieron el tratado L’apiculture et la maison rustique, y Oliver de Serres Le théâtre d’agriculture et mesnage des champs, ambos tratados de apicultura.

Referencia: Toussaing-Samat, Maguelonne (1992). A History of Food. Blackwell Publishing. ISBN 9781405181198.

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2 comentarios

  1. […] un libro de cocina muy influyente, El cocinero sensato, con 189 recetas, además de manuales de apicultura y cuidado del jardín y una sección de medicina. Las secciones del libro nos dan una idea de la […]

    Pingback by La Edad Dorada de los Países Bajos « Trecetas — 2 diciembre, 2010 @ 7:46

  2. […] para defenderse, cuando les interesa ser comidas generan sustancias apetecibles y nutritivas. Hemos hablado aquí mucho del caso del néctar y la miel, así que no nos extenderemos más. Los frutos son otro caso. Son partes de la planta diseñadas […]

    Pingback by Las defensas de las plantas y su atractivo « Trecetas — 4 diciembre, 2010 @ 16:14

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