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El Buscador de Recetas

9 diciembre, 2010

Tipos de almidón y sus propiedades culinarias

Filed under: Cocina,Química — Etiquetas: , , , — Nacho @ 22:33

El almidón está formado por cadenas de glucosa, pero se pueden distinguir dos tipos de almidón dependiendo de su estructura, y tienen distintas propiedades culinarias. Los dos tipos son la amilosa y la amilopectina.

Las moléculas de amilosa están formadas por unas 1.000 moléculas de glucosa y su estructura es una larga cadena con algunas pocas ramas, también largas. En consecuencia estas moléculas son relativamente pequeñas, compactas y ordenadas.

Las moléculas de amilopectina están formadas en cambio por entre 5.000 y 20.000 moléculas de glucosa y tienen cientos de ramificaciones. Por esta razón sus moléculas son grandes y no muy compactas.

Estructura de la amilosa y la amilopectina

En el almidón se encuentran ambos tipos de molécula, pero dependiendo de la semilla habrá distintas proporciones de cada una, y tendrán distintas propiedades culinarias. El almidón de las legumbres suele contener un 30% de amilosa, mientras que en el trigo, maíz, cebada y arroz de grano largo hay un 20%. El arroz de grano corto tiene un 15% de amilosa y el arroz glutinoso o pegajoso no tiene prácticamente amilosa.

Propiedades culinarias

Al cocinar las semillas, el almidón absorbe agua y a unos 60º-70ºC se produce la gelificación, que es cuando el grano se reblandece. Este proceso ocurre cuando el agua separa moléculas de almidón unas de otras. Las moléculas de amilosa, más compactas, son más resistentes a la gelificación, y por eso hay que cocinarlas a temperaturas más altas y durante mayor tiempo que las de amilopectina. Por eso el arroz largo necesita más agua que el corto para reblandecerse.

Efecto de la refrigeración sobre el almidón

Cuando se termina de cocinar el almidón y se retira del fuego, las moléculas de almidón se empiezan a enfriar, y a agruparse de nuevo. Esto se llama retrogradación. Las moléculas de amilosa se empiezan a unir unas a otras casi inmediatamente, mientras que las de amilopectina tardan más tiempo y se reasocian peor. Por eso los arroces largos se endurecen más al pasar un tiempo en frío tras su cocción y hay que recalentarlos para volver a romper las moléculas de almidón. Sin embargo, los almidones recalentados no vuelven a reblandecerse tanto como tras la primera cocción, pues durante la retrogradación la amilosa consigue reasociarse en moléculas aún más compactas que las originales y forman cristales que resisten incluso a 100ºC. Estos cristales dan fuerza e integridad a los granos. Esto se puede aprovechar en la cocina para hacer pudín y fideos. Los cereales de desayuno mantienen su forma porque durante su fabricación se ha producido la retrogradación. Por otra parte, los almidones retrogradados son buenos para la salud, pues resisten a las enzimas digestivas, reducen los niveles de azúcar en la sangre tras las comidas y alimentan a nuestra flora intestinal.

Referencia: McGee, Harold (2007). On Food and Cooking: The Science and Lore of the Kitchen. 2ª edición. Scribner. ISBN 978-0684800011.
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Semillas y salud

Filed under: Nutrición — Etiquetas: , , , , , — Nacho @ 0:41
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Las semillas (cereales, legumbres, frutos secos) son una fuente tan importante de proteínas y vitaminas B que en algunas épocas y civilizaciones el hombre se ha alimentado casi exclusivamente de ellas, lo que provocaba la aparición de dolencias causadas por la pobreza de la dieta. Esto, no es, por supuesto un problema de las semillas, sino de la falta de otros alimentos.

La plaga beriberi del siglo XIX fue causada por el abuso de máquinas que retiraban la capa exterior del arroz. Esta capa, molesta pero nutritiva, pues contiene tiamina, también llamada vitamina B1. Una dieta vegetariana normalmente no puede proporcionar tiamina al organismo, a diferencia de la carne y el pescado, que sí contienen tiamina, y su ausencia de la dieta en Asia provocó esta enfermedad.

La pelagra es una enfermedad que golpeó con fuerza a los pobres de Europa y el sur de Estados Unidos en los siglos XVIII y XIX, cuando adoptaron el maíz como alimento básico pero sin cocinarlo con aguas alcalinas, lo que hacía que perdiera la niacina, o vitamina B3.

Tanto la pelagra como el beriberi llevaron a la medicina a descubrir en el siglo XX las vitaminas y entender que su carencia podía causar enfermedades.

Fitoquímicos valiosos en las semillas

Los fitoquímicos sustancias que no son nutrientes esenciales pero tienen efectos saludables. En el siglo XX se ha descubierto que las semillas aparte de contener almidón y proteínas contienen fitoquímicos. Estos elementos se encuentran normalmente en las capas exteriores. Algunos de ellos son:

  • Vitaminas. Entre ellas la vitamina E.
  • Fibra soluble. Son carbohidratos que ralentizan la digestión, moderan los niveles de azúcar e insulina de la sangre y proporcionan energía a las bacterias intestinales y mejoran la salud de las células intestinales.
  • Fibra insoluble. Aceleran el tránsito de la comida por nuestro organismo y reducen la absorcion de carinógenos.
  • Compuestos defensivos como los fenólicos. Algunos limitan el crecimiento celular y pueden resultar benéficos contra el cáncer.

Algunos de estos elementos y sus nutrientes se desconocen aún, pero en general se puede decir que el consumo de semillas poco procesadas aportan sustancias beneficiosas para la salud.

Problemas causados por las semillas

Las legumbres contienen sustancias defensivas, como lectinas e inhibidores de la peptidasa. Por suerte, al cocinarlas se eliminan estas defensas naturales de las legumbres.

Las semillas pueden contener alérgenos. Un alérgeno es una sustancia que el cuerpo identifica erróneamente como un ataque, activando el sistema inmunológico y causando síntomas de enfermedad debido a esta batalla ficticia que libra nuestro organismo contra ellos. Las alergias pueden causar molestias como picores o malestar, o pueden llegar a causar la muerte. En los Estados Unidos, por ejemplo, el 2% de los adultos y el 8% de los niños padece alguna alergia alimentaria, y son causa de 200 muertes al año. Los cacahuetes, la soja y los frutos secos son las semillas más susceptibles de causar alergias. Normalmente las sustancias responsables son proteínas, que no resultan eliminadas por el hecho de cocinarlas.

Una reacción que merece mención especial es la intolerancia al gluten, que sufren los celíacos. En los afectados por intolerancia al gluten, el cuerpo crea anticuerpos contra la inofensiva gliadina del trigo, la cebada, el centeno y la avena. Estos anticuerpos acaban atacando las células de los intestinos que absorben nutrientes, causando malnutrición. La celiaquía se puede desarrollar en la infancia o en la edad adulta. Algunas semillas no contienen gliadina y por tanto las pueden consumir sin sufrir los efectos de la intolerancia: maíz, arroz, amaranto, alforfón, mijo, quinoa, sorgo y teff.

Las semillas contienen normalmente solo un 10% su peso de agua, lo que facilita su conservación y como las cocinamos hirviéndolas normalmente matamos las bacterias nocivas que puedan tener. Sin embargo, las semillas guardadas en humedad o cocinadas y mal resguardadas son un caldo de cultivo estupendo para los microbios. Por eso es recomendable guardar los cereales cocinados en frío y recalentarlos antes de servirlos.

Los hongos, sin embargo, pueden prosperar en ambientes muy poco húmedos, y por tanto pueden contaminar más fácilmente a las semillas. Algunos hongos pueden sintetizar cancerígenos y toxinas, que normalmente son invisibles e indetectables por el consumidor, y por tanto es responsabilidad de las instituciones de control alimentario el analizar los alimentos.

Referencia: McGee, Harold (2007). On Food and Cooking: The Science and Lore of the Kitchen. 2ª edición. Scribner. ISBN 978-0684800011.
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2 diciembre, 2010

Historia de las legumbres

Filed under: historia,Mitos — Etiquetas: , , , , , , — Nacho @ 22:56

La palabra en latín para legumbre es legumen, que deriva de lego, recolectar, elegir o seleccionar. Para ellos, legumen se refería a las semillas que se encuentran en vainas y con las que se puede hacer puré o gachas. En francés y hasta el siglo XVII se llamaba légume a las plantas cuyas semillas se comían secas. Las legumbres son nutritivas a causa de su contenido en almidón, proteínas y minerales.

La algarroba fue probablemente la primera planta que se recolectó en abundancia, pues es muy común en Eurasia. Las algarrobas estuvieron presentes e la dieta de los pobres hasta el siglo XVIII, y en ocasiones de carestía, como en la Segunda Guerra Mundial en Francia, han vuelto a aparecer en los mercados. Ya San Bernardo, en 1135, relata que durante la hambruna de ese año se alimentó de pan hecho de algarrobas con el resto de monjes de su congregación.

El haba salvaje se empezó a recolectar en Asia Central hace milenios. En Cachemira se viene cultivando desde tiempos inmemoriales. En el noreste de Tailandia se encontraron dos especies de haba de siete mil años de antigüedad que suponen una mejora sustancial respecto a las especies salvajes, lo que sitúa un signo de interrogación junto a la aseveración de que la agricultura nació en Mesopotamia. En México se han encontrado habas almacenadas en la misma época de la que data el nacimiento de la agricultura en Oriente Medio que sin duda proceden de la agricultura.

Una mutación en principio dañina para la planta es la responsable de que el haba resultase tan atractiva para las primeras sociedades recolectoras. Algunas vainas repletas de semillas no llegan a abrirse, dificultando la reproducción de la planta pero facilitando la labor de recolección. Es similar a lo que ocurrió con el maiz: una modificación aparentemente dañina se convierte, con la colaboración del hombre, en una mejor forma de reproducción para la especie, pues desde entonces serían los humanos los que procurarían plantar semillas de una planta tan útil. De la misma forma que con el maíz, al tener que plantar las semillas del haba para que la planta se pudiera reproducir, se fomenta la selección artificial por medio del hombre, que selecciona las plantas más adecuadas para el consumo. De esta forma la planta evolucionó rápidamente.

Su valor nutritivo hizo de las habas uno de los primeros alimentos en ser almacenados. Por ejemplo, el rey Príamo tenía sacos de habas entre sus tesoros. Los griegos gustaban de comer las habas en sus vainas, aún verdes. Mención especial merece la relación de Pitágoras con las habas, pues no solo se negaba a comerlas, sino que se lo prohibía a sus discípulos (órficos, ) y se dice que murió al negarse a cruzar un campo de habas cuando estaba siendo perseguido por los que fueron, a la postre, sus asesinos.

Los romanos hacían pasteles de legumbres secas o lomentum, cuando había escasez de cereales. Y no solo ellos, en épocas de crisis se comía en Europa pan de legumbres: Luis XV comió pan de legumbres para mostrar que compartía las penas de su pueblo.

Los garbanzos provienen de Asia Occidental, pero pronto se popularizaron en el Mediterráneo y la India. Los fenicios los introdujeron en España, donde se convirtieron en un elemento habitual de la cocina. El cocido madrileño es un buen ejemplo. Los romanos vendían garbanzos cocinados en las proximidades de las representaciones teatrales, como se hace hoy con las palomitas de maíz.

Los altramuces, presentes en las laderas soleadas de la Europa Mediterránea y Asia Menor, tienen unas flores rosas, malvas y azules que resultan características. Los griegos y los romanos los cultivaban. En muchas zonas se dejaron de cultivar durante el Renacimiento. En Italia y algunas partes de España, como Alicante, se toman en salmuera. Los egipcios añadían altramuces a la cebada a la hora de hacer cerveza para darle un sabor más amargo.

Las lentejas son otro cultivo que nos ha acompañado desde los primeros tiempos. Los pueblos de la India, Egipto, Oriente Medio y Europa plantaron lentejas. En algunas zonas crecían salvajes en grandes cantidades. Para griegos y romanos las lentejas eran comida de pobres, y por tanto consumida en abundancia. Los egipcios eran los mayores exportadores de esta época. Roma exportaba tales cantidades de lentejas que empezaron a usarlas para embalar objetos: en tiempos de Calígula el obelisco que hoy en día se encuentra en la Plaza de San Pedro del Vaticano fue transportado a Roma enterrado en lentejas. En el siglo XVII se consideraron comida de mala calidad, apta apenas para alimentar a los caballos, hasta que las hambrunas de los tiempos de la Revolución Francesa y el Bloqueo Continental las devolvieron a los platos. Desde entonces han gozado de algo más de popularidad, aunque sin llegar a los extremos del emperador romano Heliogábalo, que mezclaba sus lentejas con piedras preciosas.

| Texturing Peas |
by zaser

Los guisantes fueron otra comida elemental para griegos, romanos y egipcios. Se cultivaban en grandes cantidades en la Cuenca Mediterránea, el Valle del Nilo y las regiones montañosas de Asia. Los legiones romanas recogían guisantes de los campos de Numidia y Palestina para añadirlas a su dieta, que consistía a menudo en harina, aceite y carne salada. La etimología resulta curiosa: en latín se llaman pisum, de allí pasó al mozárabe biššáuṭ y de éste al castellano, mientras que la misma palabra latina pasó al inglés antiguo como pise y más tarde pease, hasta llegar al actual pea por error, pues se a menudo pensó erróneamente que pease era un plural.

También resulta interesante la forma en la que los guisantes fueron introducidos en la Francia Moderna. En 1660, el Sieur Audiger trajó unos cuantos guisantes al rey Luis XIV y su corte. A todos encantó este descubrimiento culinario. Las noticias de la nueva legumbre corrieron como la pólvora y pronto todos querían probarla. Sin embargo, un siglo más tarde cayeron en desgracia cuando Oliver Goldsmith los declaró tóxicos, y dijo que la forma francesa de cocinarlos los convertía en incomibles. Los ingleses los cocinaban solo con hojas de menta, y les parecía extraña la manía francesa de prepararlos con cebolla y lechuga.

Los guisantes son una de las pocas verduras que se consideran de mejor calidad en conserva que al natural. Así es en Francia, por ejemplo, donde se prefieren en lata. En Gran Bretaña en cambio, se suelen comprar congelados.

Para acabar con las anécdotas de guisantes no podemos dejar de nombrar a Gregor Mendel, que con sus experimentos con estas plantas sembró las bases de la genética.

Simbolismo de las legumbres

Las legumbres tenían en la antigüedad una fuerte carga simbólica. Son símbolos del nacimiento y el crecimiento en muchas sociedades.

Los antiguos egipcios llamaban al lugar en el que las almas de los muertos esperaban a la resurrección “el campo de alubias”. Es posible que el tabú de los órficos respecto a las legumbres se debiera a este simbolismo. En Grecia y Roma simbolizaban la muerte y las bendiciones de los que descansan bajo tierra. Plinio consideraba que había algo del alma de los antepasados en las legumbres. Los sacrificios con ellas eran una forma de comunicarse con el inframundo.

Referencia: ToussaingSamat, Maguelonne (1992). A History of Food. Blackwell Publishing. ISBN 9781405181198.
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